La Fontana Di Trevi, en Roma. Foto tomada de httpswww.wallpaperbetter.com

La Fontana Di Trevi, en Roma. Foto tomada de httpswww.wallpaperbetter.com
La Fontana Di Trevi, en Roma. Foto tomada de httpswww.wallpaperbetter.com


Cada semana dejo mis poemas como una forma de establecer un diálogo abierto y de puro sentimiento con todos ustedes que me leen y me estimulan a continuar en esta aventura de hacer cultura. Cada visita, cada palabra de ustedes es un paso más hacia la cima del hombre nuevo, el hombre sabio.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Soñar y nada más.

 

Deseando - Pintura de Daniel F. Gerhatz, 
tomada de tudoporemail.com.br


Sonata Claro de Luna

 

Un tono rojizo, brillante, comenzaba a asomarse entre las sombras de la oscuridad que ya empezaban a retirarse huyéndole al día que se aproximaba con un aire tibio y de desafío a los retos más inverosímiles de las próximas horas. De un apartamento, en algún lugar de la ciudad, en algún lugar del mundo, una figura de cuerpo esbelto salió a la calle iluminada por unas luces que apenas si lograban vencer la oscuridad. Ella se dirigió hacia algún lugar de la ciudad, sin rumbo fijo pero resuelta y con un aire de felicidad.  Su cuerpo estaba cubierto con el vestido del amor; ella olía a un amor recién terminado de tejer entre caricias y abrazos, bordado con besos que realzaban la fineza y frescura de esa piel esplendida;  en su rostro se dibujaban los te amo repetidos en una habitación del  apartamento que dejara hace ya unos minutos. Caminaba, firme y decidida; parecía volar por esa calle, larga y ahora con un poco más de luz, la luz del día. Eran casi las seis de la mañana cuando ella llegó hasta el puerto de la ciudad, desde allí miró el horizonte, llenó sus pulmones con el aire fresco de la mañana, volvió a mirar hacia la inmensidad del mar y divisó un velero como una pluma flotando sobre las aguas marinas. Cerró los ojos por un instante y volvió mentalmente hasta  esa habitación en donde había dejado a su amor, ese hombre que apenas si había conocido pero que la cautivó tanto  como para entregarle su primera vez...recordó cómo el miedo y el deseo le corrían por el cuerpo al mismo tiempo que unas manos traviesas y sutiles, como las de un pianista, se deslizaban por la superficie de su cuerpo como ejecutando con destreza y suma atención una sonata que,  poco a poco,  la fue preparando hasta abrirse plenamente a los goces del más intimo momento en el que la delicadeza del artista, ese hombre, pleno de vigor,  delicado en el trato, entró en su cuerpo, en el momento más intenso de esa sonata para subir más y más de intensidad y llegar, ella y él, al paroxismo total, al momento más asombroso de un momento irrepetible, sólo posible cuando, como en ella y él, el amor se une con la carne.

Abrió sus ojos, una fina sonrisa dejó ver sus dientes parejos, brillantes, hermosos; se sentía feliz, dueña de si misma y capaz de conquistar el mundo...no quería pensar en su futuro sino en su presente, vivirlo plenamente. El aire fresco del mar volvió a acariciar su rostro y le pareció sentir aquellas manos que por primera vez en su vida la hicieron sentir un ser especial.

Sintió hambre, comenzó a caminar hacia una cafetería cercana, entró y se sirvió un café con leche sin azúcar, un croissant y un poco de mermelada; en el sonido interno del establecimiento se escuchaba "sonata claro de luna" de Beethoven... ella agudizó sus oídos y se dejó llevar por los arpegios de esa música. Cerró los ojos y sintió algo extraño y delicioso por su piel, unas manos se deslizaban por su cuerpo, como un pianista, y, de pronto, sin poderlo evitar, en ese sitio público, sintió que todo su cuerpo se estremecía y sus ojos se iluminaron con un brillo único, sólo de ella , casi gritó...poco a poco se fue relajando y una sonrisa agradecida apareció en su rostro aún en estado de un trance gozoso.

Ella y él fueron capaces de ahuyentar el fantasma de la rutina, construyeron un mundo muy propio que nada tenía que ver con ese otro, externo a ellos, burdo y miserable. El amor les había sorprendido justo en aquel puerto; fue como si ellos hubieran estado predestinados a ser malabaristas de la felicidad, magos del amor, exorcisadores de la carne y felices interpretes de una y mil sonatas como preludio a las puertas de nuevas y fértiles primaveras.

 

 Gustavo Figueroa Velásquez

©

Yara Asháninka, tierra indígena de Kampa 
a orillas del río Amônema, Estado Acre, Brasil. 
Fotografía de  Sebastião Salgado.


AYER SOÑE QUE TU SOÑABAS

 

 Ayer soñé que tú soñabas

con un abrazo de poeta,

de amigo y compañero.

Ayer soñé que tú soñabas

con un beso de amante,

puro, tibio y cristalino.

Ayer soñé que tú me amabas,

ahora sueño que tú sueñas.

 

 Gustavo Figueroa V.

©

Sonata Claro de Luna de Ludwig Van Beethoven, 
al piano, Claudio Arrau, Chile.