Alumbrado navideño en El Cerrito, Valle, Colombia. Hotel Club el Paraíso. Fotografía de Elias Aspril

Alumbrado navideño en El Cerrito, Valle, Colombia. Hotel Club el Paraíso. Fotografía de Elias Aspril
Alumbrado navideño en El Cerrito, Valle, Colombia. Hotel Club el Paraíso. Fotografía de Elias Asprilla.


Cada semana dejo mis poemas como una forma de establecer un diálogo abierto y de puro sentimiento con todos ustedes que me leen y me estimulan a continuar en esta aventura de hacer cultura. Cada visita, cada palabra de ustedes es un paso más hacia la cima del hombre nuevo, el hombre sabio.

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domingo, 18 de enero de 2015

Colombia y su poesía

Queridos amigos de Contrastes:  

De nuevo estoy aquí con ustedes para comenzar un nuevo año y un largo camino a recorrer contando con la compañía de todos ustedes.
Nada mejor para comenzar que invitarles a leer unos poemas de tres magnificas Poetas de Colombia, a saber, Gloria Ogonaga Peláez "Helga", Jenny Cabrera "Maye" y Lyda Cristina López. Por supuesto, podrán leer mi poema para esta semana y que espero que les guste.

Una vez más bienvenidos a Contrastes.

Portada del libro Los laberintos eróticos de Helga
de la Poeta caleña Gloria Ogonaga Peláez.

Sabor del amor

¿Cuál es el sabor del amor?

El amor sabe a sangre ámbar,
a chocolate en el lado oscuro de la espera.
Sabe a hiel, a miel, a perjurio,
a agua bendita, a perdón,
a “no me olvides”.

El amor tiene sabor agridulce,
sabe a ocaso, a besos de otoño,
a eclipse de luna en primavera.

También sabe a manjares servidos
en camas clandestinas,
a caricias sobre sábanas de sándalo y vainilla,
a dolor, a ingratitud,
a indulgencia, a condena...

pero a veces el amor y la sangre se embarcan
en veleros sin regreso
y entonces,
su sabor es de nostalgia y lejanías.

Gloria Ogonaga Peláez
©

Portada del libro Paraísos Encontra - Dos
de la Poeta caleña Jenny Cabrera.

Cómo me dueles país

¿Que si me duele?
¿Me preguntas si me duele?
¡Hasta los tuétanos te digo, hasta el respiro!
Me duele este país desesperanzado de esperanza
al que no le cabe de más ni una lágrima 
al que solo llega la déspota migaja 
de quienes lo rigen abotagados en sus divanes de arrogancia.

Cómo no dolerme el niño que me mira con la luz del inocente 
y que espera que le revele el porqué de su suerte.

Cómo no dolerme las manos cansadas del que trabaja arando el viento, 
por nada más que un pan añejo.

Cómo no dolerme el joven que siente que el camino acaba sin empezar siquiera
y la madre que acuna en su vientre el miedo 
que ruega que a su crío no lo cubra este mismo cielo.

Cómo no dolerme el anciano que perdió la batalla 
y con ella su tierra amada y el asfalto es hoy su casa.

Cómo no dolerme esta impotencia de vernos sin ideales ni fuerza 
ante el poder que esgrimen, los que beben una copa enferma y deprimente.

Solo hay algo que no me duele que me devuelve el aire:
Tú y yo y otros, siempre hay otros, que vencemos la indolencia 
y damos en creer que un verso es un abrazo
y ¡Mil abrazos lo son todo y cambiarán el rumbo!
Y que algún amanecer ya sin temor ni dolor despertaremos.

Jenny Cabrera
©

Portada del libro Estación
del delirio de la Poeta de Ginebra, Colombia, 
Lyda Cristina López.

Ocarina

Quería descifrar esta tristeza
palabra por palabra
viaja el recuerdo
ánfora de tierra.

Dolor de amor y de mutismo

Lágrima que se oculta
debajo de las piedras.

Un día de agosto
volverás en el cantar
de la ocarina
y será alabado
Tú amor.

Lyda Cristina López
©

El puño de Mandela - Fotografía tomada del El País de España.

¡Ellos, los imprescindibles!

(Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida, esos son
los imprescindibles. Bertold Brecht)

Allí han estado, nunca se fueron,
ellos, los que nunca claudicaron,
los que no creyeron en la farsa,
los que siempre fueron invencibles,
ellos, proletarios de todos los países,
solidarios arquitectos del futuro,
¡guerreros y poetas del canto de la paz!
Allí han estado, nunca se fueron,
nunca arriaron las banderas,
proclamaron el fin de las cadenas,
ellos, los del canto por la vida,
obreros desafiando la miseria,
campesinos solidarios en la lucha,
como una hoz contra el fascismo.
Allí han estado, nunca se fueron,
fueron la luz a la hora de las sombras,
son la fuerza del mañana que vendrá,
ellos, los que nunca claudicaron,
¡ellos,  los imprescindibles!

Gustavo Figueroa Velásquez
©

El Grupo Niche de Cali, Colombia - Mi Valle del Cauca.