Queridos amigos y amigas de Contrastes:
Han pasado los años,
silenciosos y hondos, como pasan las estaciones sobre un jardín que alguna vez
estuvo en plena floración. Durante más de una década, este espacio fue casa de
palabras, refugio de emociones compartidas y puente invisible entre mi voz y la
de ustedes, mis lectores fieles. Luego vino el silencio, no como olvido, sino
como una pausa necesaria, una respiración larga antes de volver a nombrar la
vida.
Hoy regreso, y regreso de la manera más natural para mí: con poesía hecha música, con
imágenes que respiran verso, con canciones que nacen del mismo lugar donde
antes nacían los poemas.
Esta nueva entrega reúne dos
latidos distintos de un mismo corazón.
“Muero de amor” es el eco de una ausencia, el relato íntimo de quien ha
perdido el amor y camina entre la soledad y el dolor, buscando aire en medio de
la memoria.
“Cuando se tiene una madre”, en cambio, es luz, gratitud y ternura: un
homenaje a mi madre y a todas las madres, presencia que sostiene, abriga y da
sentido incluso al paso del tiempo.
Vuelvo a este blog no para
empezar de nuevo, sino para continuar la misma historia con otra forma de
decir.
Si alguna vez estas palabras fueron también un poco suyas, ojalá vuelvan a
habitar aquí, como quien regresa a un lugar querido donde todavía arde una
pequeña lámpara encendida.
Bienvenidos otra vez.
Dejé mi rancho y dejé el amor,
me fui llorando con mi dolor;
caminé sin rumbo fijo
por esas calles que no elegí.
Ella, mujer ingrata,
destrozó mis sentimientos,
hizo de mí una marioneta,
un trapo viejo que abandonó.
Aquí estoy solo y vacío
en este bar bebiendo ron,
no soy de aquí, soy forastero,
no tengo amigos, no sé qué hacer.
¿Dónde quedaron mis ilusiones?
murieron todos mis sueños
en ese rancho que fue mi hogar,
quedé deshecho en la soledad.
Mis lágrimas son gotas de sangre,
heridas abiertas sin compasión;
yo solo soy un solitario,
un borracho muerto de amor.
Gustavo Figueroa Velásquez
©
Cuando se tiene una madre
(Un homenaje a la mía)
Cuando
se tiene una madre,
una
madre como la mía,
se tiene el color de la vida,
se goza de mucha alegría.
que
tiene color de esperanza,
se
tiene seguro el futuro,
y se
tiene un montón de ternura.
una
madre como la mía,
se
sabe que el sol es bello
con
sólo verle sus ojos.
se
comparte mejor la mesa,
el
vino se hace más vino
y
su beso es primicia divina.
una
madre como la mía,
se
tiene un abrazo bello,
se
sabe lo que es ternura.
una
madre como la mía,
todos
somos felices,
Rosa
amada, flor de carne y hueso.
©


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