Queridos amigos de Contrastes, quizá muchos de ustedes ya
estén enterados de la dramática situación de orden social que se vive en
Colombia y en Cali, concretamente.
La huelga nacional que se adelanta en Colombia, desde el 28
de abril, es para exigirle al gobierno fascista de Iván Duque, títere del
sanguinario expresidente Álvaro Uribe, la derogación de una reforma tributaria
y de la reforma a la salud, etc, La
respuesta del gobierno fascista ha sido una represión sanguinaria, violenta y
pisoteando, sin ningún tipo de escrúpulos, los derechos humanos a los que el
Estado colombiano se ha comprometido respetar internacionalmente.
El Paro Nacional sigue, con Cali como epicentro de la
resistencia a la barbarie fascista, y el gobierno prepotente de Iván Duque
rechaza abiertamente acuerdos con el Comité Nacional de Paro y lo único que
hace este gobierno, junto con los medios de desinformación colombianos (RCN,
CARACOL, El Tiempo, Semana, etc) es tratar de manipular al grueso de la
población y, lo peor, están tratando de enfrentar pueblo con pueblo para de
esta manera desprestigiar el Paro Nacional y crear las condiciones para
decretar el estado de conmoción interna (antiguo estado de sitio) y con ellos
darle el poder total al Presidente y este, a su vez, a los militares para que
violen abiertamente los Derechos Humanos, también, quieren crear la sensación
de caos general para justificar la suspensión de las próximas elecciones
presidenciales porque saben que las van a perder. Tengo que decir, que ya tenemos una dictadura
en Colombia.
Las
organizaciones políticas del mundo (ONU, Unión Europea, Estados Unidos, OEA)
deben reaccionar enérgicamente y exigirle al gobierno de Duque el cese de la
violencia contra el pueblo. A día de hoy, el Esmad (fuerza antimotines del
Estado), el Ejercito y paramilitares han asesinado a más de 40 jóvenes, la
mayoría en Cali, han desaparecido cientos de personas y han violado a mujeres,
jovencitas que protestaban pacíficamente.
Me
solidarizo con el pueblo colombiano, con esa tierra que me vio nacer y que tuve
que dejar por el terrorismo de Estado que acabó, a sangre y fuego, practicamente al movimiento político del que
participé: La Unión Patriótica. Dice el himno nacional de Colombia en una de
sus estrofas: "Cesó la horrible noche...", no, la horrible noche no
ha cesado y las hienas sedientas de sangre de pueblo acechan por las calles. La
horrible noche no ha cesado pero el pueblo no se rinde y la lucha sigue.
Al gobierno
de Duque-Álvaro Uribe, a los militares y a la Policía Nacional: Cali y toda
Colombia se respeta.
Dadas las
circunstancias que vive el pueblo colombiano me permito invitarles a leer dos
poemas que resumen lo que nosotros como poetas sentimos en estos días de lucha
por una Colombia nueva, justa para todos.
Reciban mi abrazo.
Patria y muerte
¿Cómo escribir los versos más dulces
cuando a tu país lo matan en las calles?
Carlos Augusto Pereyra Martínez
Dolor de patria
Hay un dolor de patria
que inunda los ríos tutelares,
que se arrastra por el polvo,
un dolor como de sangre,
de cuchillos fieros en la carne.
Un dolor como de ausencia,
de páginas arrancadas a los libros,
de funestos discursos repetidos,
un dolor maldito que ahoga
el inminente grito de los pueblos.
Hay un dolor de patria
que se retuerce por las calles,
un dolor que abre grietas
en una bandera desteñida.
Gustavo Figueroa Velásquez
©
El Grito
El grito, como un eco
aterrador,
como una sirena
enloquecida,
como un vidrio que se rompe,
como el ego destruyendo espejos.
El grito, como una ola moribunda
como un dardo a los oídos,
como el llanto que constriñe,
como de la carne torturada.
El grito de uno y de
todos,
de los cuerpos
mutilados,
de Kim Phuk gritando
quema,
de ellos, los
inocentes,
desangrando su
infortunio.
El grito de dos
hermanos coreanos
abrazados en medio de
las bombas.
El grito, si, el
grito del horror,
un grito de rabia e impotencia,
un grito que duele en
las entrañas,
pero, un grito como un eco infinito,
un eco contra el fin de la barbarie.
Gustavo Figueroa Velásquez
©

