Cómo no decirte compañera mía
que en esta hora se siente tu ausencia
ahora cuando la noche es profunda,
cuando la sangre es frío por mis venas.
Cómo no decirte compañera mía
que el invierno amenaza hasta mis huesos,
que de pronto la nieve rompe los cristales,
que en mi casa manda un tornado de rutina.
Cómo no decirte compañera mía
que los días sin ti ahuyentan la ternura;
mi cama que es la tuya es un témpano de hielo
y tu risa, ay tu risa, por dónde se escapó?
Cómo no decirte compañera mía
que un pétalo de rosa parece la tersura de tus manos,
cómo no decirte que aún entre el miedo y la espera
vivo por ti como un sol en primavera.
Gustavo Figueroa Velásquez
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